Qué es la microbiota intestinal y qué factores influyen en ella

En nuestro intestino conviven billones de microorganismos que desempeñan funciones esenciales para la salud: participan en la digestión, producen sustancias que el organismo aprovecha y contribuyen al buen funcionamiento del sistema inmunitario, entre otras. A este ecosistema lo llamamos microbiota intestinal.

Su formación comienza en el nacimiento y, desde entonces, se va moldeando con nuestra propia historia: el tipo de parto, la alimentación que recibimos en los primeros meses de vida, el entorno en el que crecimos y nuestros hábitos.

En este artículo te explico, paso a paso y con base en la evidencia científica, qué es la microbiota, dónde vive, qué funciones cumple y qué factores la moldean desde el nacimiento hasta la edad adulta.

¿Dónde vive la microbiota intestinal?

La microbiota se distribuye a lo largo del tubo digestivo, un conducto de varios metros que se extiende desde la boca hasta el ano. Los alimentos pasan por el esófago, el estómago, el intestino delgado (donde se absorbe la mayor parte de los nutrientes) y el intestino grueso o colon, donde se absorbe agua y se forman las heces. Si te interesa saber qué información aportan las heces sobre nuestra salud, te lo contamos en el artículo ¿Qué revelan nuestras heces?.

No todos los tramos están igual de poblados. El ácido del estómago y el paso rápido del contenido por la primera parte del intestino delgado mantienen allí pocas bacterias, mientras que en el colon, donde el tránsito es lento y apenas hay oxígeno, se concentra la inmensa mayoría. Se calcula que un adulto alberga unos 38 billones de bacterias, una cifra del mismo orden que el número de células humanas de su cuerpo.

El colon es, con diferencia, el tramo donde se concentra la microbiota: el resto de tramos apenas suma una pequeña parte del total.

Qué es la microbiota intestinal (y en qué se diferencia del microbioma)

La microbiota intestinal es el conjunto de microorganismos vivos que habitan en nuestro tubo digestivo: sobre todo bacterias, pero también arqueas, hongos y virus. Durante décadas se la llamó “flora intestinal”, un término que hoy está en desuso.

A menudo se usan como sinónimos, pero no lo son:

  • Microbiota: los microorganismos en sí, la “población”.
  • Microbioma: el conjunto de sus genes, o, en un sentido más amplio, el conjunto formado por los microorganismos, sus genes y el ambiente en el que viven.

La composición de la microbiota varía mucho entre personas sanas en función de factores como la edad, la alimentación o el lugar donde vivimos, como veremos más adelante. Por eso no existe un único perfil de microbiota “ideal” que pueda tomarse como referencia. Lo que sí se asocia, en general, a un mejor estado de salud es una comunidad microbiana diversa y estable en el tiempo.

La inmensa mayoría de estos microorganismos no son patógenos: viven con nosotros en una relación de beneficio mutuo. Nosotros les damos refugio y alimento, y ellos nos devuelven el favor con funciones que nuestro cuerpo no podría hacer solo.

Funciones de la microbiota intestinal

Fermentación de la fibra alimentaria. La fibra alimentaria no se digiere ni se absorbe en el intestino delgado, por lo que llega prácticamente intacta al colon. Allí la microbiota la fermenta y produce ácidos grasos de cadena corta (acetato, propionato y butirato), que tienen efectos beneficiosos para el organismo:

  • El butirato es la principal fuente de energía de las células que recubren el colon.
  • Contribuyen a mantener la integridad de la barrera intestinal.
  • Participan en la regulación del sistema inmunitario y de la inflamación.
  • Intervienen en el metabolismo de la glucosa y de las grasas, y en la regulación del apetito.

Síntesis de vitaminas. Ciertas bacterias intestinales sintetizan vitamina K y varias vitaminas del grupo B, como el folato o la riboflavina.

Protección frente a microorganismos patógenos. Una microbiota bien establecida ocupa el espacio y consume los nutrientes disponibles, lo que dificulta que se instalen microorganismos causantes de enfermedad. Es lo que se conoce como resistencia a la colonización.

Maduración del sistema inmunitario. Una parte muy importante del sistema inmunitario se encuentra en el intestino. La microbiota interactúa constantemente con él y contribuye a que aprenda a diferenciar entre los microorganismos potencialmente dañinos y aquello que debe tolerar, como los componentes de la dieta o las propias bacterias beneficiosas. Este proceso es especialmente intenso en los primeros años de vida.

Comunicación con el cerebro. El intestino y el cerebro están conectados en ambas direcciones a través de nervios (como el nervio vago), hormonas y señales del sistema inmunitario. La microbiota participa en esta comunicación, conocida como eje microbiota-intestino-cerebro.

Qué moldea tu microbiota a lo largo de la vida

Tu microbiota no apareció de golpe: se ha ido construyendo con lo que has vivido. Estos son los factores mejor estudiados:

Tipo de parto

Durante el parto vaginal, el recién nacido entra en contacto con microorganismos maternos, y las primeras comunidades bacterianas de distintos lugares de su cuerpo presentan similitudes con la microbiota vaginal de la madre. En las semanas siguientes, también adquiere bacterias procedentes de otras fuentes maternas, como la microbiota intestinal.

En la cesárea, el primer contacto es sobre todo con la piel y el entorno hospitalario. Sus primeras bacterias se parecen más a las de la piel, como Staphylococcus, Corynebacterium o Propionibacterium. Además, en las primeras semanas se observa una menor presencia de Bacteroides y una mayor presencia de bacterias oportunistas propias del entorno hospitalario, como Enterococcus, Enterobacter o Klebsiella.

Lactancia materna

La leche materna contiene oligosacáridos de la leche humana (HMO, por sus siglas en inglés), el tercer componente sólido más abundante de la leche después de las grasas y la lactosa. El bebé no puede digerirlos. Una de sus funciones principales es servir de alimento a determinadas bacterias intestinales, especialmente del género Bifidobacterium. Así, la lactancia materna favorece que Bifidobacterium predomine en el intestino del bebé durante los primeros meses.

La lactancia marca también el ritmo de maduración de la microbiota. En un estudio sueco que siguió a 98 bebés durante su primer año, fue el final de la lactancia materna, más que la introducción de alimentos sólidos, lo que marcó la transición hacia una microbiota de tipo adulto.

Los primeros años de vida

Con la alimentación complementaria, el contacto con el entorno y el paso del tiempo, la microbiota del niño se diversifica rápidamente. Un estudio publicado en Nature en 2012, con personas de Estados Unidos, Malaui y Venezuela, observó que en las tres poblaciones la microbiota evolucionaba hacia una configuración similar a la del adulto en los tres primeros años de vida, y que su diversidad aumentaba con la edad.

Por eso los primeros años se consideran una “ventana de oportunidad”: es cuando la microbiota es más cambiante y cuando su relación con el desarrollo del sistema inmunitario es más intensa.

Uso de antibióticos

Los antibióticos son imprescindibles para tratar determinadas infecciones bacterianas, pero también pueden afectar a las bacterias beneficiosas que forman parte de nuestra microbiota. En un estudio con adultos sanos, tras cuatro días de tratamiento con tres antibióticos, la microbiota recuperó gran parte de su composición en mes y medio, pero algunas especies seguían sin detectarse a los seis meses. Por eso es importante usarlos solo cuando están indicados.

Entorno

El lugar y el modo en que vivimos también dejan huella. En el mismo estudio de 2012, la microbiota de los adultos de Estados Unidos era menos diversa que la de los adultos de poblaciones rurales de Malaui y de la Amazonía venezolana, con una alimentación y un estilo de vida muy distintos.

El entorno más cercano también cuenta, sobre todo en los primeros años. En un estudio canadiense con 746 bebés, los que convivían con perros o gatos durante el embarazo y los primeros meses de vida tenían más bacterias de los géneros Ruminococcus y Oscillospira, que se han relacionado con un menor riesgo de alergias en la infancia. Y en un estudio danés con 114 niños, tener hermanos mayores se asoció a una microbiota más diversa a los 18 meses. Estos resultados apuntan a que el entorno familiar y el contacto con otros microorganismos pueden influir en la composición y diversidad de la microbiota durante los primeros años de vida.

Estilo de vida

En el adulto la microbiota es más estable, pero sigue respondiendo a cómo vivimos:

  • Alimentación. Influye en la composición de la microbiota a lo largo de toda la vida. En el American Gut Project, uno de los mayores estudios sobre microbiota realizados hasta la fecha, las personas que consumían más de 30 tipos de alimentos vegetales distintos a la semana presentaban una microbiota más diversa que las que consumían 10 o menos.
  • Estrés mantenido. El estrés puede influir en el eje microbiota-intestino-cerebro en todas las etapas de la vida.

Y entonces, ¿qué puedes hacer tú?

Algunos factores, como el tipo de parto, no dependen de nosotros. Otros sí: la alimentación influye en la microbiota y es un factor que podemos cuidar cada día, junto con otros hábitos como la actividad física, el descanso o el uso responsable de los medicamentos. No se trata de hacer cambios drásticos, sino de mantener en el tiempo una alimentación variada y un estilo de vida saludable.

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Joana Martínez Pinheiro · Dietista-Nutricionista colegiada EUS00333

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