Cada vez es más habitual que una ecografía abdominal revele algo inesperado: grasa acumulada en el hígado. A veces se detecta por casualidad y otras, durante el estudio de una analítica alterada.
Como no suele producir síntomas, es fácil restarle importancia. Sin embargo, el hígado graso no es un hallazgo que convenga ignorar: puede estar relacionado con alteraciones metabólicas y, en algunas personas, evolucionar hacia una enfermedad hepática de mayor gravedad.
En este artículo te explico qué es, por qué ha cambiado de nombre, qué relación tiene con la salud metabólica y por qué es importante valorarlo a tiempo.
Qué es el hígado graso
El hígado graso, también conocido como esteatosis hepática, se produce cuando se acumula un exceso de grasa en las células del hígado.
Es una de las enfermedades hepáticas crónicas más frecuentes del mundo. Los estudios epidemiológicos estiman que afecta aproximadamente a una de cada tres personas adultas, aunque la prevalencia varía según la población estudiada y el método diagnóstico utilizado.
Que no produzca molestias no significa que debamos ignorarlo. Es importante valorar el contexto clínico, identificar los posibles factores de riesgo asociados y determinar si existe algún grado de daño hepático.
MASLD: la nueva nomenclatura del hígado graso
Igual que ha ocurrido con el síndrome de ovario poliquístico (SOP), cuya nueva nomenclatura puedes conocer en este artículo sobre el paso del SOP al SOMP, el hígado graso también ha experimentado un cambio importante de nombre.
En 2023, un consenso internacional de sociedades científicas propuso sustituir el término enfermedad del hígado graso no alcohólico (NAFLD, por sus siglas en inglés) por MASLD, que corresponde a enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica.
¿Por qué este cambio? Porque la denominación anterior definía la enfermedad por lo que no era —una enfermedad no atribuida al alcohol—, mientras que el nuevo término pone el foco en su relación con la salud metabólica.
Para establecer el diagnóstico de MASLD debe existir esteatosis hepática y, al menos, un factor de riesgo cardiometabólico, dentro del correspondiente contexto clínico. Entre los factores que se tienen en cuenta están:
- Perímetro de cintura aumentado.
- Glucosa elevada o diabetes tipo 2.
- Hipertensión arterial.
- Triglicéridos elevados.
- Colesterol HDL bajo.
Además, es necesario valorar el consumo de alcohol y otras posibles causas de enfermedad hepática. Cuando existe un consumo de alcohol aumentado junto con factores metabólicos, la clasificación puede corresponder a otra categoría, como la enfermedad hepática asociada a disfunción metabólica y consumo aumentado de alcohol (MetALD).
La nueva nomenclatura ayuda a comprender algo importante: el hígado no funciona de manera aislada, sino que forma parte de un sistema metabólico en el que intervienen múltiples órganos y procesos.
Por qué se acumula grasa en el hígado
El hígado es un órgano clave del metabolismo: procesa los nutrientes que recibe, almacena energía y la distribuye según las necesidades del organismo. En el hígado graso, se altera el equilibrio entre la llegada, la producción, el almacenamiento y la eliminación de grasas, lo que favorece su acumulación en las células hepáticas.
No existe una única causa. En su aparición intervienen distintos factores, entre ellos:
- La resistencia a la insulina, que altera la forma en que el organismo gestiona la glucosa y las grasas.
- La grasa abdominal visceral, que rodea los órganos internos y se relaciona estrechamente con las alteraciones metabólicas asociadas al hígado graso.
- La predisposición genética, algunos medicamentos y otras enfermedades, que pueden influir tanto en su aparición como en su evolución.
Por eso, dos personas con hábitos parecidos pueden presentar situaciones muy diferentes. Comprender qué factores intervienen en cada caso es fundamental para orientar el abordaje.
¿Puede evolucionar el hígado graso?
No todas las personas con hígado graso desarrollan un daño hepático progresivo. En algunas, la acumulación de grasa permanece relativamente estable; en otras, la enfermedad puede evolucionar y producir lesiones de mayor importancia.
Conviene distinguir varios conceptos:
Esteatosis hepática
Es la acumulación excesiva de grasa en el hígado.
Esteatohepatitis asociada a disfunción metabólica (MASH)
Se caracteriza por la presencia de grasa acompañada de inflamación y lesión de las células hepáticas.
Fibrosis hepática
Cuando existe daño persistente, puede acumularse tejido cicatricial en el hígado. El grado de fibrosis es uno de los factores más importantes para valorar el riesgo de progresión de la enfermedad.
Cirrosis
En fases avanzadas, la fibrosis puede alterar profundamente la estructura y la función del hígado, dando lugar a una cirrosis.
Esta evolución no es inevitable ni sigue necesariamente una secuencia fija en todas las personas.
La acumulación de grasa y algunas lesiones hepáticas pueden mejorar con un abordaje adecuado. Sin embargo, la magnitud de la mejoría depende, entre otros factores, del grado de afectación existente. Por eso, detectar la enfermedad y valorar su gravedad es una oportunidad para intervenir antes de que aparezcan complicaciones.
Además, el riesgo no es exclusivamente hepático: la MASLD se asocia a un mayor riesgo de diabetes tipo 2 y enfermedad cardiovascular. Por ello, su abordaje debe tener en cuenta la salud metabólica en su conjunto.
La buena noticia: hay margen para mejorar
En muchas personas es posible mejorar la acumulación de grasa y otros indicadores de afectación hepática, especialmente cuando se interviene sobre los factores metabólicos asociados.
La evidencia científica respalda los cambios en el estilo de vida como parte fundamental del abordaje de la MASLD. Las guías clínicas destacan la importancia de la alimentación, la actividad física y el control de los factores de riesgo metabólico.
No se trata de seguir una dieta genérica, sino de encontrar un abordaje que tenga sentido para tu situación clínica y que puedas mantener. Ese es precisamente el valor de un acompañamiento nutricional individualizado.
Desde el servicio de Nutrición Clínica en Bilbao, abordo el hígado graso de forma personalizada y basada en la evidencia científica.
El objetivo es comprender qué factores pueden estar influyendo en tu salud hepática y traducir las recomendaciones clínicas en una estrategia nutricional adaptada a tus necesidades, preferencias y circunstancias.
En consulta, el trabajo se centra en cuatro aspectos:
1. Valoración individual
Revisamos tu historia clínica, las analíticas disponibles, la medicación, los antecedentes y tus hábitos actuales para comprender el contexto en el que aparece el hígado graso e identificar los aspectos que conviene trabajar.
2. Plan nutricional personalizado
La intervención se adapta a tus circunstancias, preferencias, horarios y objetivos de salud. Buscamos establecer cambios realistas y sostenibles, sin enfoques restrictivos.
3. Seguimiento y ajustes
Los cambios sostenibles requieren tiempo. El seguimiento permite valorar la evolución, resolver dificultades y adaptar la estrategia nutricional cuando sea necesario.
4. Coordinación con el equipo médico
La nutrición forma parte de un abordaje integral y complementa, pero nunca sustituye, el seguimiento de tu médico o especialista. La valoración del daño hepático y la necesidad de pruebas complementarias corresponden al equipo médico.
Si además tienes diabetes, alteraciones del colesterol, SOP/SOMP, antecedentes de TCA u otras patologías asociadas, también se tienen en cuenta dentro del plan de intervención.
¿Te han diagnosticado hígado graso?
Si te han detectado grasa en el hígado, es normal que tengas preguntas sobre lo que significa para tu salud y qué puedes hacer a partir de ahora.
No necesitas esperar a tener síntomas para prestarle atención, ni intentar resolverlo por tu cuenta a base de restricciones o recomendaciones encontradas en internet. Un abordaje individualizado puede ayudarte a comprender mejor tu situación, establecer objetivos realistas y trabajar los cambios nutricionales que tengan sentido en tu caso.
Si buscas una nutricionista en Bilbao especializada en nutrición clínica, podemos valorar tu situación y trabajar de forma personalizada. Puedes acudir a nuestro centro de nutrición en Bilbao, o realizar las sesiones de forma online si vives fuera.
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Referencias
- Rinella ME, Lazarus JV, Ratziu V, Francque SM, Sanyal AJ, Kanwal F, et al. A multisociety Delphi consensus statement on new fatty liver disease nomenclature. J Hepatol. 2023;79(6):1542-56. doi:10.1016/j.jhep.2023.06.003
- European Association for the Study of the Liver (EASL), European Association for the Study of Diabetes (EASD), European Association for the Study of Obesity (EASO). EASL–EASD–EASO Clinical Practice Guidelines on the management of metabolic dysfunction-associated steatotic liver disease (MASLD). J Hepatol. 2024;81(3):492-542. doi:10.1016/j.jhep.2024.04.031
- Younossi ZM, Golabi P, Paik JM, Henry A, Van Dongen C, Henry L. The global epidemiology of nonalcoholic fatty liver disease (NAFLD) and nonalcoholic steatohepatitis (NASH): a systematic review. Hepatology. 2023;77(4):1335-47.
Joana Martínez Pinheiro · Dietista-Nutricionista colegiada EUS00333






